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La Argentina Dislocada

Un esbozo que quizá pueda contribuir a dilucidar nuestras desviaciones y extravíos más característicos.

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OPINIÓN | LA ARGENTINA DISLOCADA

By Ricardo De Luca

En el año 1952 debutó un programa de radio que se llamó “La Revista Dislocada”, con libretos del autor Aldo Cammarota, y que luego pasó a la televisión hasta 1973. Era un ciclo humorístico pero con algunos rasgos políticos. Fue allí donde se engendró la popular palabra “Gorila”, para describir a los antiperonistas.

Pasaron setenta años de palabras y frases acumuladas y poco felices (sin mencionar las luchas internas y la sangre derramada). Esos dichos todavía se continúan propagando y van tomando cuerpo casi naturalmente en algunos rasgos de nuestro presente como sociedad y, quién sabe, así lo seguirán haciendo.

“Gorila” (como ya dije), “Zurdo”, “Neoliberal”, “Cipayo”, “Peroncho”, “Carnero”, “Oligarca”, etc. son expresiones que condensan elementos propios muy distintivos; ocurrentes y peyorativas etiquetas que hábilmente se pueden adaptar al grupo o al individuo señalado dentro del abanico singular que compone una nación.

Sin hacer un profundo análisis psicosocial (ya que no soy especialista), encuentro que quizá esto resulte de alguna misteriosa bifurcación (la famosa grieta) en la cual ya, parecería, nos hemos acostumbrado y es el divorcio de nosotros mismos (por lo menos en lo político con implicancias en lo social), para interactuar ahora cada uno por su lado “cuidando la quintita”, como se dice habitualmente.

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Es más, me atrevería a decir que si bien vivimos cada vez más distantes, llamativamente disfrutamos mutuamente de esta dualidad y desapego a un todo. Al igual que sucede con dos interlocutores: el que cuenta una historia y el que la escucha, ambos saboreando una misma situación a su manera y en su rol; de la misma forma permanecemos ‘felizmente’ desencontrados, en una coexistencia abrumadora y autodestructiva.

Imagino una sociedad a la inversa. Una sociedad como la suiza, por ejemplo, forjada por alemanes, franceses e italianos conviviendo como suizos en un mismo territorio; nadie se cree más suizo que otro, ni más italiano, alemán o francés que otro, simplemente suizos porque así lo han determinado.  Acaso esa cohesión fraternal fue la causa de su éxito.

Una lección que miramos con nostalgia ya que Argentina (del Latín «argentum» plata) alguna vez fue aquel “crisol de razas”, una tierra prometida que amalgamó a tantos inmigrantes de tierras lejanas, para fundirse en un solo sentimiento llamado Argentina.

Pero al parecer ese nimbo primigenio se fue contaminando lentamente, y los primeros en desdibujarse fueron los sueños. Sueños que postreramente parecen pesadillas de un eterno fracaso en lo económico, social, cultural, espiritual y, definitivamente, humano. Es sorprendente el deterioro operado en el capital humano: la hidalga ‘hombría de bien’ ha dejado de ser hombría y anda por las calles, escasa de bien.

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Entonces, en esa ficción dolorosa que es una realidad y una realidad que no es ficción convivimos, generación tras generación, con la quimera (algunos) de que la pesadilla se termine.

Y en esta latosa articulación entre anhelos, sufrimientos e indiferencias nos hemos pasado más de doscientos años, pero aceleradamente en los últimos setenta. El país paulatinamente se ha ido convirtiendo en una fábula de sí mismo, sutilmente tramada por un siniestro guionista tan talentoso como inexistente.

Sin embargo, ese contraste no nos debería autodefinir como malas personas. Es el medio quien confeccionó las hojas de nuestro fatídico libreto, el cual seguimos instintivamente. Nótese que nada dije del escenario, porque ese escenario es el territorio de nuestras almas. La obra gravita en ese sustrato etéreo con la sutileza del soplo que apaga una vela y apaga millones de velas, y todo se hace de un modo tan preciso como imperceptible. “Nadie es la Patria y todos lo somos”, decía Borges.

Ahora bien, ya que hemos creído entender esta dicotomía autodestructiva, esta mecánica antagónica del ser ‘argentum’, se impone preguntarnos hasta cuándo seguiremos por este camino de autoflagelación, en esta lucha insensata y degradante.

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Si tomáramos sólo un fotograma de esta película, deteniéndonos en el 2022, veríamos a dos facciones enfrentadas bajo un mismo afán.

Por un lado, una feroz batalla por el poder entre “nacionales y populares” y por el otro el ‘enemigo’ a vencer de “lacayos antipatria”. Unos que detentan el poder y otros que expectantes, esperan su turno para ocupar las poltronas y de este modo encaminar el país de acuerdo a sus convicciones.

Y en esas estamos ahora, en un lugar que aniquila las ideas en una actitud sacrílega y obsesiva, bajo el fundamento teórico de juicios dogmáticos. Ambos bandos conducen por los mismos senderos de hace 200 años.

Como conclusión diré que los precipicios no están tan lejos de nuestra geografía, las calderas de Pedro Botero pueden transitar encaramadas en cualquier esquina; los desaciertos nos pueden lanzar hacia avernos desconcertantes; la condenación del otro nos puede rembolsar nuestros propios castigos; el caos a la orden de la sinrazón nos puede seguir alejando de aquel nimbo inicial; la desolación puede enmudecer generaciones enteras.

En definitiva, todas estas inconstancias históricas de encuentros y desencuentros dejan una tarea pendiente, para que las generaciones venideras tengan una misión gigantesca e impostergable por abordar.-

Opinión

La visión borrosa del intendente Fernando Espinoza para evaluar la inseguridad en La Matanza

La insistencia en un solo indicador como la densidad de población simplifica excesivamente un problema complejo y puede desviar la atención de las verdaderas soluciones necesarias para enfrentar la inseguridad en el distrito.

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16 de mayo – 2024 – Medir el índice de inseguridad basándose únicamente en la densidad de población es insuficiente y potencialmente engañoso. Al considerar una amplia gama de factores, desde la tasa de criminalidad hasta los recursos disponibles y la percepción de los residentes, se puede obtener una evaluación más precisa y efectiva de la seguridad en un distrito.

La seguridad ciudadana es un tema complejo que requiere un enfoque integral y multifactorial. En ese contexto (donde la seguridad ciudadana no parece ser una preocupación primordial) el intendente y sus funcionarios han expresado su particular enfoque en la medición de la inseguridad en el distrito.

Diversos expertos señalan que la administración está validando los datos de manera falaz, basándose únicamente en la densidad de población y obviando otros factores cruciales.

El enfoque unilateral bajo la lupa

El intendente Fernando Espinoza, y algunos de sus funcionarios, como el ex diputado Miguel Saredi, actual secretario de «planificación del municipio», han defendido repetidamente que «la densidad de población es un indicador primordial para medir la inseguridad en el distrito», en relación al resto de los partidos de la Pcia. de Buenos Aires.

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Según sus declaraciones, una mayor densidad implica una mayor probabilidad de delitos, y este ha sido el principal argumento para justificar sus políticas de seguridad.

Sin embargo, algunos especialistas en criminología y sociología, argumentan que basarse solo en la densidad de población es simplista y puede llevar a conclusiones erróneas, por no decir sesgadas.

Factores clave que se están ignorando

1. Tasa de Criminalidad: Es fundamental considerar el número de delitos reportados por cada 1,000 habitantes, ya que proporciona una medida directa de la incidencia delictiva en la zona. Obviar este dato es dejar de lado una parte esencial del panorama.

2. Percepción de Seguridad: Las encuestas a los residentes sobre su percepción de seguridad son cruciales. La percepción de inseguridad puede afectar significativamente la calidad de vida, independientemente de la densidad de población.

3. Presencia y eficacia policial y judicial: La proporción de efectivos de policía por habitante, el tiempo de respuesta a incidentes y la tasa de resolución de crímenes son indicadores vitales de la efectividad de las fuerzas del orden y la Justicia, que no se pueden ignorar.

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4. Factores Socioeconómicos: El nivel de desempleo, pobreza y acceso a educación y servicios básicos son determinantes en la tasa de criminalidad. Ignorar estos factores puede resultar en políticas ineficaces.

5. Recursos disponibles: La disponibilidad de servicios de emergencia, centros comunitarios y programas de prevención del crimen desempeñan un papel crucial en la mitigación de la inseguridad.

6. Historial de violencia: Los registros históricos de violencia, incluyendo conflictos callejeros y violencia doméstica, proporcionan un contexto esencial sobre la evolución de la inseguridad en el área.

7. Ambiente urbano: La calidad del alumbrado público, el estado de las infraestructuras y la presencia de espacios públicos seguros también influencian significativamente la seguridad en un distrito.

Conclusión

La administración actual, encabezada por el intendente Espinoza, está siendo criticada por su enfoque limitado en la medición de la inseguridad, al basarse exclusivamente en la densidad de población y pasar por alto otros factores determinantes.

Este enfoque unilateral no solo es potencialmente engañoso, sino que también podría resultar en políticas de seguridad ineficaces. Es imperativo adoptar un enfoque integral y multifactorial que considere la complejidad de los factores que afectan la seguridad en el distrito. Solo así se podrán implementar estrategias efectivas que realmente mejoren la seguridad y la calidad de vida de los residentes.-

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@RicardoDeLuca | De la redacción de Infocom.ar

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