OPINIÓN | By Ricardo De Luca
10 MAR – BUENOS AIRES – Esta Noche serán Dos Semanas. Dos semanas en que el mundo viene derrapando. De golpe te eyectaste desde tu silla de tarde y patio con mate y bizcochitos, hacia los campos ucranianos sembrados de dolor y muerte.
Instantáneamente volviste de pasear al perro, te cruzaste con el portero mientras subías por la escalera pensando en el dólar y el vencimiento de la boleta de gas, y pasaste a ver historias de familias que se separan, de abrazos y lágrimas de despedida desde ventanillas de trenes, de sangre derramada por cuerpos humanos fragmentados, de cañones, bombas, de heroísmos, de victorias y derrotas.
Dos semanas de transición entre humanidad a bestialidad. Desde una cierta cordura a la locura total. Y todo desde tu teléfono inteligente o desde tu nuevo LED de 40 pulgadas colgado en el comedor.
Dos semanas fueron suficientes para acostumbrarte a bombardeos, a casas quemadas y edificios destruidos. A sirenas y cientos de personas viviendo en refugios… pero es lejos, es en Ucrania («El virus nunca va a llegar a la Argentina», dijo una vez un ministro).

Y empezaste a pensar… ¿qué sería de vos y tu familia en esa misma situación? ¿Qué sería de tus amigos y vecinos, de tu barrio… de la Argentina? ¿Cómo sería tu supervivencia en medio de semejante monstruosidad y sangre?
Analizás que en tal escenario no habría lugar para la joda de los políticos y funcionarios ladrones, para los hampones de siempre y sus miserias (seguro que lo pensaste).
Jurarias que hasta habría un alto el fuego entre los barrabravas de River, Boca, Independiente o Rosario Central; entre peronchos y macristas, zurdos y cipayos (el guiso de pavadas argentas es incomible e inconmensurable).
Obviamente esas pequeñas disputas de vieja data serían olvidadas, las deudas condonadas, las diferencias saldadas (lo asegurás sin dudar). Porque ahora hay que pensar en defender a la PATRIA del eventual agresor que viene a robarte tus biscochitos, todo el patio y probablemente la Libertad, ¿no?
Y te volviste a equivocar. Porque, a pesar de todo, todos y todas, los ruines demonios están entre nosotros instalados cual app, y operarán cuando se den las circunstancias, aún en las peores: lo vimos con las vacunas.

Entre la paulatina carencia educativa y de valores morales, el enorme deterioro sociocultural, socioeconómico y el todo vale, las ruinas ya están dentro nuestro.
No hacen falta bombardeos, los misiles los venimos recibiendo silenciosa y mansamente todos los días desde hace años, destruyéndolo todo.
Hasta los exaltamos, y tras caer en nuestras casas nos abrazamos a ellos, despreciando lo que -históricamente- es lo correcto, así de cínica y patética es la programación de un pueblo. Son actitudes que se hacen costumbre, vio.
El país arde -te digo-, casi podés considerarte un refugiado de guerra, mirá, los números indican que el riesgo país de Argentina supera al de Ucrania: 1.865 puntos básicos, más de 500 puntos por encima del riesgo de Ucrania que es de 1.350 unidades… ¡y está en guerra!
La destrucción la ves cuando los corruptos siguen libres y no pasa nada; cuando la oligarquía política se aumenta sus dietas (ahí son todos amigos) o cuando recorren el mundo dándose lujos con la nuestra, y sigue sin pasar nada. Cuando las leyes las establecen (o evitan establecer) pensando sólo en ellos, ellas y sarasa.
Lo ves todavía más de cerca en tu barrio, cuando se inunda la calle que figura asfaltada ocho veces, o cuando el comerciante te estafó o el chorro te baleó para robarte el celular; cuando en el interior hay hambre de agua: cuando hay miseria y sobran miserables.

Desde tu ventana quizá no veas aviones rusos, tanques o fuego en el horizonte, pero igualmente el plan de devastación viene cumpliéndose a la perfección. Te vas a tener que acostumbrar al frío y a la necesidad de pensar en tu supervivencia.
Según los ucranianos (gente de acero) su país vencerá y renacerá de las cenizas; están presentando una defensa tenaz ante un ejército implacable y desproporcionado. Y se sienten orgullosos de estar dándolo todo por su país pero, esencialmente, por el hecho de haber brindado, estas dos semanas, un magnífico ejemplo de coraje e integridad a una comunidad mundial que observa con la boca abierta tan ciclópea lucha. Probablemente lo logren, porque les sobra dignidad.-
Infocom.ar
Imagen de portada: La escultura de Jesucristo en la Catedral de Armenia en Lviv debió ser removida. La última vez que se sacó la estatua de la iglesia fue durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
Internacionales
La guerra contada por un espía: «Las guerras ahora se ganan con tecnología, no con soldados»

21 ABR – El periodista Barclays viaja a la ciudad de Washington, acude a la hora pactada al bar de The Hamilton, un sótano de aire conspirativo a pasos de la Casa Blanca, en la calle 14 esquina con la F, y se reúne con un asesor de seguridad nacional que trabaja en los servicios de inteligencia del gobierno y es amigo suyo…
Es amigo suyo desde los tiempos en que vivió en esa ciudad, hace treinta años. Tras pedir café, agua mineral y una tabla de quesos con aceitunas, Barclays le asegura a su informante que no grabará la conversación, solo tomará notas, y a continuación le pregunta:
-Cuéntame por qué Rusia va perdiendo la guerra en Ucrania.
El experto en temas militares responde:
-Porque subestimó a la resistencia de Ucrania y sobreestimó su poderío militar.
-¿De qué manera? -pregunta Barclays.
-Putin pensó que los soldados ucranianos no combatirían, se rendirían. Pensó que los civiles ucranianos aclamarían a los soldados rusos como libertadores, que los ucranianos querían ser rusos. Pensó que el presidente ucraniano Zelensky huiría al exilio. Pensó que las tropas rusas capturarían Kiev en cuatro días. Pensó que instalarían un gobierno títere pro ruso, como existía en Kiev antes de 2014. Cayó en una trampa que la inteligencia ucraniana le tendió a la inteligencia rusa.
-¿Cuál era la trampa?
-Les hicieron creer que, tan pronto como Rusia invadiese Ucrania, los jefes militares ucranianos darían un golpe contra Zelensky, lo arrestarían o lo matarían, y apoyarían al gobierno títere pro ruso. Simularon ser agentes dobles al servicio de Moscú. Los rusos les creyeron. Pero era una telaraña para enredarlos.
-¿Por qué Putin sobreestimó su poderío militar?
-Porque pensó que ganaría rápidamente la guerra con soldados, tanques y aviones -dice el analista de seguridad nacional-. Por cada soldado ucraniano, había diez soldados rusos. Por cada tanque o avión ucraniano, había diez tanques o aviones rusos. Putin pensó que eso bastaba para ganar la guerra. Pero se equivocó.
-¿Por qué?
-Porque las guerras ahora se ganan con tecnología, no con soldados. Y Ucrania tiene armas de tecnología avanzada, de vanguardia, que Rusia no tiene.
-¿Cuáles son esas armas? -pregunta Barclays.
-Principalmente, cuatro. Todas son armas defensivas. Pero han sido extraordinariamente eficaces para detener el avance ruso e impedir que los rusos ganen la batalla de Kiev. Es un hecho histórico que Rusia ha perdido la batalla de Kiev.

-Explícame por qué Rusia ha perdido la batalla de Kiev.
-Primero, Putin pensó que la información de los espías ucranianos era confiable: darían un golpe contra Zelensky y los rusos izarían su bandera en Kiev a los cuatro días de invadir Ucrania.
-Pero era una trampa.
-Era una trampa. Segundo, nuestra inteligencia le explicó a Zelensky que el primer día de la guerra, jueves 24 de febrero, los rusos tratarían de capturar el aeródromo militar de Hostómel, unas veinte millas al noroeste de Kiev. Le dijimos a Zelensky exactamente lo que harían los rusos, porque teníamos infiltrados en Moscú que nos avisaron del plan. Y todo ocurrió exactamente como le dijimos a Zelensky: Rusia enviaría helicópteros, paracaidistas y tropas de élite a ese aeropuerto, era clave para ellos capturarlo para luego trasladar por vía aérea, en sus gigantescos Antonov, sus tropas de combate y hasta sus carros de combate. Entonces los ucranianos dejaron que los rusos desplegasen toda su fuerza de helicópteros y tropas de élite en Hostómel. Les cedieron el aeropuerto. Incluso les dejaron como señuelo un precioso Antonov ucraniano que los rusos destruyeron. Una vez que los rusos habían ocupado el aeródromo militar, los ucranianos, que estaban agazapados en los alrededores, atacaron de noche, y los rusos no tenían visores nocturnos. Fue una masacre para los rusos. Ucrania destruyó todos los helicópteros rusos y mató a centenares de rusos, usando los misiles que les dimos. Luego, hicieron exactamente lo que les aconsejamos: destruyeron todas las pistas de aterrizaje y despegue, dejaron el aeropuerto inoperativo para los rusos.
-No me dijiste cuáles son las armas defensivas que les han dado a Ucrania y han funcionado tan bien -dice Barclays.
-Nosotros y nuestros amigos en Londres les hemos dado los misiles Stinger y Javelin, que se disparan desde el hombro de un soldado. Los Javelines son una maravilla para destruir tanques, los Stinger derriban helicópteros y hasta aviones volando a baja altura. Además, Ucrania había comprado miles de drones turcos TB2, que han funcionado increíblemente bien, aun mejores que nuestros drones Kamikaze Switchblade 300 y 600, que son livianos y de una eficacia tremenda.
-¿Qué otros errores cometió Rusia, aparte del fiasco en el aeropuerto de Hostómel?
-Los jefes militares rusos querían usar los ferrocarriles para desplazar más rápidamente a sus tropas, pero Ucrania, siguiendo nuestra información de inteligencia, destruyó todos los rieles que los rusos podían usar. Y luego los rusos cometieron un error terrible: entraron con un convoy militar de más de cuarenta millas, dirigiéndose a Kiev. Ucrania los dejó entrar y luego ejecutó el plan a la perfección: primero, volaron los puentes que los rusos ya habían cruzado, de tal manera que no pudieran volver por donde habían entrado, y luego de dejarlos avanzar un poco más, volaron todos los puentes de acceso a Kiev que los rusos tenían delante. De esa manera, Ucrania consiguió inmovilizar al convoy militar ruso: no podía retroceder, ni tampoco acercarse a Kiev.
-¿Qué pasó luego?
-Enseguida Ucrania atacó el convoy militar ruso con extraordinaria astucia -responde el agente de inteligencia-. En lugar de disparar misiles Javelin a los tanques rusos que iban más adelante, los ucranianos sabían cuáles eran los camiones cisterna del convoy donde los rusos llevaban la gasolina para los tanques. Entonces, con pequeñas unidades de combate de seis a ocho hombres, escondidos entre los bosques cercanos al convoy ruso, los ucranianos dispararon sus misiles no contra los tanques rusos, sino contra los camiones cisterna. Destruyeron todos los camiones cisterna del convoy. Por eso, los tanques rusos, que no podían seguir avanzando por la ruta originalmente trazada, porque los puentes en la retaguardia y en la vanguardia habían sido volados, tuvieron que desviarse por terrenos cubiertos de nieve, por campos fangosos, y se quedaron sin gasolina, y entonces fueron emboscados por los ucranianos con sus misiles Javelin, disparándolos desde los bosques, como en una guerra de guerrillas tipo Vietnam, en la que el invasor no sabe dónde se esconde el enemigo.
-Cojonudo. Extraordinario. Los rusos se quedaron sin gasolina.
-Y sin comida.
-¿Cómo así? -pregunta Barclays.
-Les dijimos a los ucranianos no sólo cuáles eran los camiones cisterna rusos, sino cuáles eran los camiones que llevaban el suministro de comidas y bebidas, lo que podíamos saber por nuestras fotos y videos satelitales. Y los ucranianos los volaron todos, o casi todos. A la semana de haber invadido Ucrania, los rusos se quedaron sin gasolina y sin comida.

-¿Qué pasó luego?
-No podían llevar la gasolina y la comida por vía terrestre, porque los puentes de acceso estaban destruidos. Por eso mandaban todo en helicópteros. Y entonces los ucranianos usaron los misiles Stinger y los drones turcos para derribar esos helicópteros.
-¿Cuántos helicópteros rusos crees que Ucrania ha destruido?
-El primer día, solo en la batalla de Hostómel, quince en total. Y luego han derribado entre veinte y treinta más.
-¿Cuántos soldados rusos han muerto?
-Entre quince mil y veinte mil rusos han muerto -afirma el espía bien informado-. No quieren seguir combatiendo. Les mintieron. Les dijeron que iban a ejercicios militares, no a la guerra. La moral rusa está bajísima. Muchos desertan, se hacen los enfermos, se disparan en los pies para no pelear. Los ucranianos tienen poderosas razones para pelear por su tierra. Los rusos no tienen una sola razón para seguir peleando. Quieren volver a casa.
-¿Por qué Putin no ordenó a la aviación rusa que bombardease Kiev, como en su día bombardeó Aleppo en Siria o Grozny en Chechenia? -pregunta Barclays.
-Porque sabe que los ucranianos tienen menos aviones, pero ahora, insisto, las guerras no se ganan con más aviones, sino con tecnología. Y Ucrania ha demostrado que tiene buena tecnología para derribar aviones rusos. Ha derribado un buen número, usando drones turcos y drones kamikaze. Incluso ha derribado aviones con los misiles Stinger, que obviamente no trepan tan alto, pero si el avión enemigo viene volando bajo, son capaces de tumbarlo.
-¿Cómo operan esos misiles?
-Buscan el calor con sensores infrarrojos. Los disparas apuntando al objetivo, pero si el objetivo se mueve, el misil lo persigue hasta impactarlo. Los drones son los más eficaces en perseguir al blanco enemigo.
-Pero Ucrania no tiene misiles de largo alcance.
-No los tiene. No todavía. Pronto tendrá nuestros misiles Patriot y los S-300 de fabricación soviética que nuestros aliados en Europa les van a dar.
-¿Eso cambiará la guerra?
-Sí. Esos misiles no solo pueden derribar aviones volando a treinta mil pies de altura. También pueden derribar misiles enemigos. Y pueden hundir los buques de guerra rusos en el mar Negro. Ya hundieron el buque insignia Moskva con dos misiles Neptuno de fabricación ucraniana. Y cumplido el primer mes de la guerra destruyeron el buque ruso Orsk, también con misiles Neptuno. Y Rusia se ha quedado sin sus mejores misiles guiados de largo alcance. Ha disparado más de mil doscientos misiles. Cada uno cuesta un millón y medio de dólares. No tiene más. Por esos sus misiles ahora caen en cualquier parte.
-¿Qué otros errores han cometido los rusos? -pregunta Barclays.
-De nuevo, inteligencia y tecnología. Rusia es una economía tercermundista, con unas fuerzas militares tercermundistas. Cometieron dos errores cruciales: comunicaciones y ubicación del enemigo.
-Explícame.
-Los teléfonos satelitales encriptados que usaban los jefes militares rusos para dar órdenes, fueron intervenidos y saboteados por la inteligencia ucraniana, por los hackers ucranianos, que han sido decisivos en esta guerra. Entonces los militares rusos, al no poder usar sus teléfonos seguros, hablaban por sus celulares, daban órdenes desde sus celulares. Y luego llamaban a sus esposas, a sus novias. Y los ucranianos escuchaban todo. Sabían dónde estaban esos jefes rusos con bastante precisión. Por eso han matado a ocho o diez comandantes rusos en el campo de batalla. Todos murieron por hablar en sus celulares.

-¿En qué más fallaron los rusos?
-Entraron a Ucrania sin visores nocturnos, porque pensaron que sería una guerra de tres días, cuatro días, y que los soldados ucranianos se rendirían, como se rindieron los afganos cuando nos fuimos de ese país el año pasado y el presidente afgano huyó al exilio. Entonces, de noche, en los pueblos al norte de Kiev, como Irpín, Bucha y Borodyanka, los ucranianos, que sí tenían visores nocturnos, destruían a los rusos con una inmensa ventaja tecnológica.
-¿Por qué los rusos mataron a tantos civiles inocentes en esos pueblos al norte de Kiev?
-Por venganza, por odio, por frustración -dice el experto en temas militares-. Porque comprendieron que habían perdido la batalla de Kiev. Entonces se metían en las casas buscando vodka, buscando comida, y se emborrachaban, y algunos se volvían locos, sádicos, sicópatas, y mataban por matar a cualquiera que saliera a la calle. Pero lo hacían no porque estaban ganando la guerra, sino porque estaban perdiéndola.
-¿Rusia todavía puede ganar la guerra? -pregunta Barclays.
-No. Rusia ha perdido la guerra de Ucrania. No podrá conquistar Ucrania, sojuzgarla, convertir a los ucranianos en vasallos del dictador ruso. Pero aún puede pelear por meses la guerra en el Donbás, al oriente de Ucrania. A Putin no le queda otra alternativa que limitarse al Donbás, ocuparlo y anexionarlo, como hizo con Crimea en 2014.
-¿Conseguirá Putin ganar la batalla del Donbás?
-Puede ganarla. Depende de Alemania.
-¿Cómo así?
-Mientras Alemania siga comprando gas natural ruso, y depositando cada día 800 millones de euros por el gas ruso en el banco estatal ruso Gazprombank, Putin tendrá dinero para financiar la batalla del Donbás, que será larga y terrible. Pero si Alemania deja de comprarle gas por 800 millones de euros depositados cada día, Putin perderá la batalla del Donbás.
-¿Y por qué los alemanes siguen haciendo negocios con Putin? -pregunta Barclays.
-Porque el gas ruso les sale más barato. Y porque no quieren pasar frío de noche.
-Pero ya casi es primavera.
-Si Ucrania resiste en el Donbás hasta julio, y llega el verano a Alemania, y Alemania deja de comprarle el gas a Rusia y decide comprárselo a Qatar, entonces Putin habrá perdido la guerra con toda probabilidad.
-¿Puede Ucrania resistir en el Donbás hasta julio?
-Será difícil. Será una carnicería. Y Putin es un carnicero profesional, con experiencia en Siria y Chechenia.-
Un relato de Jaime Bayly | Abril 2022
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